
Hace meses que vengo pensando en qué es lo haría si estuviera en Chile para estas nuevas votaciones presidenciales, más allá de análisis apasionados, extremadamente militantes o muy políticos, quiero transmitirles qué es lo que siento cada vez que leo algo del tema en la prensa chilena a través de Internet.
Me pasa que la historia, mi historia militante, me articula y conecta a una decisión cuasi automática, si soy Concertación y el candidato es de la Concertación: Voto Concertación. Sin embargo esta ecuación hoy no parece tan fácil. Desde el año 1983 desde que comencé a militar, primero en la Izquierda Cristiana y luego en 1992 en el PPD hasta el año 2006 que fue cuando dejé Chile, militaba participativamente, incluso asumiendo cargos de representación. Conosco perfectamente la “maquinaria” partidaria y sus procesos, fui parte de esa vida militante llena de reuniones, asambleas, discusiones y rencillas. Conocí , y conosco, a gente honesta y transparente, llena de ideales; muchos y muchas de ellas con historias de consecuencia política y una ética a toda prueba, y también conocí a los otros, esos a los que no vale la pena mencionar y que afortunadamente fueron los menos. En fin, pero lo que me convoca en esta oportunidad es esto de ser de la Concertación, valorarla, saber y aceptar que en sus gobiernos Chile cambió, que sus gobiernos han sido exitosos y que hemos crecido como país. Eso es algo innegable, ahí están los datos, ahí están las cifras que avalan esta afirmación tantas veces sostenida, verdadera e irrebatible. Pero Chile cambió no solamente en sus aspectos económicos, y muchos dirigentes políticos no lo asumen o no quieren asumirlo, Chile también cambió en su globalidad, en sus perspectivas, en su gente; cambió en su forma de mirarse a sí mismo y al mundo.
Los discursos esta vez suenan un poco gastados y repetidos, no convencen, no convocan, son demasiado parecidos a los de siempre, parecieran no sostenerse a sí mismos. Cuando muchos de nosotros participábamos en las diferentes campañas políticas, nuestros discursos se sostenían por sí sólos y creíamos con fuerza en ellos. Hoy siento que muchos de esos mismos más bien se sienten con la “responsabilidad” de votar por la Concertación, a pesar de no estar convencidos, a pesar de que ya no los representa, a pesar de que es más de lo mismo. Otros claramente se han puesto en la “vereda” de al lado o la de enfrente y han sido tratados como parias y traidores, cuestión que no comparto. La lucha por la recuperación de la Democracia fue justamente para la expresión libre de las ideas sin que por ello se deba calificar en tonos no adecuados a quienes sostienen o han tratado de sostener ideas distintas en la Concertación. Muchos dirán “si no les gusta la Concertación, sólo váyanse y ya está”; sin embargo esto es más complejo. Insisto Chile cambió y los Partidos Políticos parecieran no entenderlo o reconocerlo, sus dirigentes no están siendo capaces de asumirlo y esto se parece más a la mantención del Poder a toda costa, que a otra cosa. A mi juicio esto que muchos observamos en la sociedad chilena es la expresión de un fenómeno social que busca canalizar su expresión, no obedece sólo a cuestiones particulares y específicas, algo está sucediendo y requiere de la lectura adecuada y sin apasionamientos. Más allá incluso de quienes han asumido como representantes de esta posición. Esta misma carta, escrita para producir algún tipo de discusión, seguramente será calificada con epítetos parecidos a los que mencionaba, pero sólo la escribo para expresar lo que, según mi opinión, muchos sienten y no lo expresan o lo que otros sí han sido capaces de expresar y han recibido de vuelta la intolerancia y el prejuicio.
Se que no es lo mismo que gobierne la Derecha en Chile, no soy de los que desde una izquierda un tanto trasnochada, rasgan vestiduras expresando que es lo mismo la Derecha y la Concertación. Pero también observo, desde la perspectiva de la lejanía de Chile, cómo los discursos se parecen más a una justificación de “o nosotros o el caos”, otra ecuación que me parece un tanto odiosa y ya tantas veces utilizada.
Se que muchos de mis amigos y amigas con quienes participamos activamente en un período en que era dificil expresar ideas distintas entenderán que mis reflexiones son honestas y exentas de todo interés. Muchos sostendrán que cuando los tiempos son dificiles muchos tratan de “abandonar el barco”, cuestión que no es así, más bien se trata de cómo se “reconstruye” este barco. Y para eso se necesita respirar nuevos aires, de recrear la imaginación, de posibilitar nuevos liderazgos, de motivarlos de manera real generando espacios de participación. Hoy no basta con voluntarismos y creer que la elección será competitiva pero que finalmente la victoria será de la Concertación. Los actos, las palabras, los discursos deben abrir nuevos espacios; nuevos temas emergentes deben ser parte de la agenda. La confianza en que el voto histórico de la Concertación sumado a la izquierda extraparlamentaria finalmente producirá la victoria no será suficiente esta vez.
Qué hacer?, votar por el “Discolo” en primera vuelta y expresar el “voto castigo”, para terminar votando por Eduardo Frei en segunda vuelta?. Entregar nuestra simpatía al viejo Arrate. Votar Nulo?. Votar con el “Piloto automático” marcando Frei?. Cómo se expresa en el voto esa insatisfacción de un porcentaje no menor de gente que comparte los mismos ideales de la Concertación, pero que no se siente necesariamente representada por ella en su actual estructura. Hoy ya no es tiempo de “conectar la maquinaria de Votos de la Concertación”, la gente espera más... Y creo que aún es tiempo para abrir esas puertas y ventanas que permitan que los nuevos aires entren...







